domingo, 25 de diciembre de 2016

De serpientes bicéfalas


Aunque existen, no es común encontrar en la naturaleza seres de dos cabezas, pero resulta muy extraño que haya animales que tengan una cabeza adicional justo en el lugar en donde debería estar la cola. Es el caso de ciertas serpientes mencionadas en antiguos relatos, como la anfisbena o la serpiente bicéfala azteca.
            La mítica anfisbena es, con mucho, la más conocida; su nombre, de raíces grecolatinas, significa "que va en dos direcciones". Se sabe que la anfisbena tuvo su origen cuando Perseo cruzó volando los desiertos de Libia con la cabeza de Medusa en la mano, la sangre de la gorgona que cayó en las arenas dio vida al ofidio.
            Es necesario acudir al Manual de zoología fantástica, de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, quienes a su vez citan autores clásicos que mencionaron con anterioridad a la anfisbena: Lucano, en la Farsalia, Plinio el viejo, en su Historia natural y Brunetto Latini, en El tesoro.   
            Lucano refiere que los soldados de Catón, en sus andanzas por los desiertos del norte de África, tuvieron contacto con ella; Plinio apuntó sus virtudes medicinales y Latini dice que con las dos cabezas puede morder, que corre con ligereza y que sus ojos brillan como candelas.
            Por otro lado, Borges menciona, sin dar sus fuentes, que en las Antillas y en otras regiones de América se le llama anfisbena a un reptil conocido también como "doble andadora", "serpiente de dos cabezas" o "madre de las hormigas".
            Corresponde a Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia general de las cosas de la Nueva España, la primera cita, en América, de una serpiente bicéfala. Sahagún, que se basó en informantes mexicanos, relata que esta culebra es pequeña, tiene cuatro rayas negras en el lomo, más cuatro coloradas y cuatro amarillas a ambos lados del lomo, que anda hacia atrás o hacia adelante, que le llaman culebra espantosa y que raramente se deja ver.
            En años recientes el escritor mexicano René Avilés Fabila —que ganó fama internacional con su obra El gran solitario de palacio— se dedicó a investigar sobre los animales prodigiosos en América. Según él, Moctezuma, el célebre hueytlatoani de los mexicas, tenía en su zoológico una culebra de dos cabezas. Esta serpiente, a pesar de sus largos y agudos colmillos, no era mortal, vaya, ni siquiera era peligrosa, era juguetona, dócil y tenía por mayor disfrute ser acariciada en sus dos cabezas como cualquier perrito faldero con una sola cabeza.

            Actualmente no tenemos una prueba irrefutable que niegue la existencia de serpientes bicéfalas cuya segunda cabeza sustituya a la cola. Abundan, en cambio, numerosas pinturas y relieves de la anfisbena, poseedora de un sólido prestigio en la heráldica; de la serpiente azteca existe una muestra en el Museo Británico, en Londres. Se trata de una verdadera obra de arte, al parecer una gargantilla, delicadamente tallada en madera y bañada con turquesa.

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